domingo, 7 de abril de 2013

Alicia en el país de las maravillas

El fin del Galimatazo



Por Mónica Colunga

La espada vórtica de Alicia en el país de las maravillas, con la que derrota al Galimatazo; siguiendo el análisis de Gilles Deleuze, representa la verdad sostenida por el hablante que no pertenece a la sociedad en la que es inscripta su voluntad elocuente, el monstruo derrotado es el galimatías, o bien, el relato construido por los que ostentan el poder dentro del status quo. El foráneo ve la inconsistencia de las relaciones basadas en la impostura. La Alicia de Lewis Carroll no busca al Galimatazo, lo atrae al sostener la vórtica, que ya lo conoce desde antes, acomete entonces contra ella como si buscara sobrevivirla alguna vez. Así los relatos se disuelven al confrontar la materialidad, la palabra pronunciada por un cuerpo consistente, un emisor foráneo que enfrentó el dolor, el frío, el hambre, la autorestricción al placer, o, la muerte, inspira respeto. El Pepe Mujica se expresa y abre una grieta en el relato K. En tiempos antiguos el mármol agrietado se rellenaba con cera, al de mejor calidad le decían sincera, de ahí el uso actual de la expresión para referirse a lo carente de fisuras, paradójicamente es la palabra la que inaugura la percepción de la abertrura, la raja de lo que serán bloques partidos por la nueva discursividad.

Siendo la información un sistema de control social estamos asistiendo a una guerra de relatos, en la que se disputan las palabras de todos, pero lo textual inscripto en el cuerpo sacude las interpretaciones dejando al desnudo las percepciones y en carne viva a las sensaciones, siendo esto último el núcleo duro de la construcción de sentido. La caída de los sentidos es la caída del sentido. Verdad es la respuesta que da la mente a una situación, pero se conceptualiza desde el cuerpo, es allí donde se construye el significado de las palabras. Nada que decir ante el dolor o el placer, por lo menos nada que tenga sentido.

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