miércoles, 12 de diciembre de 2012

Todas somos Marita

La imagen compungida de Susana Trimarco, madre de Marita Verón, recorre los medios visuales, su tono compungido habita las emisoras de radio y páginas web; el contenido de su discurso trasluce una denuncia subyacente: “el cuerpo no es mercancía”. Susana sostiene la fotografía de su hija, joven, casi adolescente, su niña como algo sagrado.


Manifestación frente al Superior Tribunal de Justicia de Corrientes por el caso Marita Verón






¡¿Qué pasó con Marita Verón?, ¿dónde está?, ¡¿qué fue de su hijx?. Nada pudo saberse, cientos de fojas de expediente judicial, horas de declaración testimonial, miles de llamadas telefónicas, correos materiales y digitales fueron investigados infructuosamente.

Marita es apenas una imagen, un recuerdo, un fantasma. Inmaterialidad que interpela, ausencia que persiste. Nadie parece ser, nada es y sin embargo…

¡¿Qué es lo real?, en Derecho la verdad es la verdad del expediente, nada hay más consistente que la íntima convicción del magistrado. ¡¿Cómo se genera esa convicción?, ¿cuáles son los elementos conducentes?, allí se abre la puerta del piso, la que desliza al “infierno” porque son las pautas socio culturales las que forman la matríz de pensamiento de los que juzgan, que no son más que hombres, sujetos a sus pasiones y prejuicios.

Dirán que no había elementos probatorios suficientes, que la testimonial no era concluyente, que Marita Verón, como tantas otras, en situaciones similares, era mayor de edad, que podía irse si quería. Cada enunciado desconoce que una persona no es sólo un ser autónomo sino que está sujeto a relaciones que condicionan sus posibilidades de desarrollo. Invisibiliza el rol del sistema educativo y la sociedad que históricamente formaron el imaginario femenino para la sumisión asociada al anhelo de lujo y confort; analicemos por qué el aropiador (dueño del burdel) era su marido, el vínculo afectivo crea dependencia psicológica erosionando la voluntad y degradando las expectativas de vida de las víctimas. Consta en autos que pidió auxilio a la policía y la devolvieron con su marido, al burdel.

En nuestro país la prostitución es una actividad tolerada, no es delito, en tanto sea consentida y voluntaria en acuerdo de cliente y prostitutx. Esto es diferente a la trata, donde la libertad de elección de la persona fue desintegrada por el proxeneta, que medra con el cuerpo ajeno.

Marita fue convertida en estrella del burdel, la mejor en lo suyo, prostituta VIP (very important person), reservada para clientes importantes, según declaración testimonial en juicio. Seducción y dinero, el ingrediente que faltaba es el poder, y apareció en los dichos de Trimarco al referirse a una testimonial imposible por el estado sicológico de la víctima que asegura que uno de los magistrados que entendieron en la causa fue su cliente. Fotos del principal imputado (prostituyente) junto a Alperovich, gobernador de Tucumán, apresuraron declaraciones de la senadora Beatríz Rokjés de Alperovich, aseverando que no encubren a nadie, haciéndose cargo implícitamente del cuestionado fallo judicial.

Organizaciones de todo el país manifiestan su disconformidad con la sentencia, piden explicaciones, toman el espacio público, denuncian la vulnerabilidad de aquellas mujeres que se encuentran hoy en las redes de trata, que temerán más aún desafiar su destino.

La negativa a ser consideradxs mercancía reintroduce el concepto de sacralidad del cuerpo.

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