viernes, 7 de diciembre de 2012

Pateando el tablero


Es inevitable advertir que si algo caracteriza al kirchnerismo es su capacidad para forzar posicionamientos, logrando visibilizar mejor quien es quien. Nadie puede hacer la plancha. Lo vemos a diario, incluso esa situación es descripta y reconocida por la oposición política y los medios oligopólicos de incomunicación, no como una virtud claro, caracterizan este “estilo” como “crispación” o adjetivos cacerolos más impiadosos. “Patear el tablero” es eso en criollo, o “barajar y dar de nuevo”, corriendo los cómodos ejes discursivos constantemente y obligando a pensar en lógicas que eviten simplificaciones.



Lo hizo con cada una de las medidas que fue tomando, como cuando asumió un deber que pocos les exigíamos respecto de las causas por delitos de lesa humanidad por ejemplo, la primer medida que forzó posicionamientos y donde pudieron observarse los primeros off sides (caso Luis Zamora al abstenerse a anular las leyes de impunidad).

En temas como la recuperación de Aerolíneas, YPF etc., nuevamente los off sides, esta vez del espacio opuesto al de Zamora: los que apoyaron a Menem y De la Rúa con idéntico entusiasmo terminaron votando y justificando lo contrario a lo que sostenían apenas una década atrás, es decir, aquella panacea prometida por el mercado que creó frases tan trístemente célebres como “nada de lo que deba pertenecer al Estado estará en manos del Estado” del locuaz riojano.

Con la Ley de Medios el kirchnerismo pateó el tablero de una manera más profunda de lo que advierten muchos. El poder real, el de los grupos económicos con su troupe de políticos tradicionales y su brutal aparato propagandístico recibió un duro golpe, se visibilizó su rol primero y pasó luego a formar parte del objeto de debate de la plebe, de los ninguneados, y esto mas allá de quien gane la “madre de todas las batallas”, ya no hay vuelta atrás.

Algunos dirán que lo hizo por oportunismo, siempre están los que buscan explicar las cuestiones políticas desde una mirada psicológica y hasta moral. Incapaces de visualizar los intereses y las ideologías que promueven las praxis concretas, van por la explicación doméstica, mediopélica y freudiana.

Lo cierto es que rompió los códigos de los sin códigos, amenaza con destruir el aparato propagandístico y formador de clones repetidores de clichés, que sostuvo por décadas a esta clase política espantosa, formada por los restos mutantes de una generación maravillosa y sus verdugos.

“Con los Medios no! Desde ahí nos posicionamos, vendemos nuestra imagen, nos reciclamos una y otra vez” piensan.

Pero lamentablemente (también hay que decirlo) visibilizó la crisis de la “clase política no tradicional”, que no ha quedado indemne a la crisis política de los “90. La izquierda orgánica ha expulsado miles de militantes por errores graves que no vienen al caso, y que obligaría a una mucho más extensa reflexión que la que me propongo en estas líneas, (además de desviarnos del eje) pero creo que muchos vamos a coincidir que básicamente hubo una pobre capacidad de respuestas a nuevos interrogantes, se podría afirmar que no hubo un correcto “análisis concreto de la situación concreta”. Ustedes me entienden.

Lo peor es que esa crisis se ahonda aún más a cada instante, por una incorrecta apreciación no ya de la “situación concreta” solamente, sino incluso por la inaceptable redefinición del “enemigo”.

Ahora el enemigo es el gobierno, no el poder real, pudiendo incluso tomarse la licencia (sin ruborizarse) de considerar aliado potencial (y efectivo en algunas coyunturas) a éste último contra el nuevo enemigo.

La lucha electoral es un escenario más importante que nunca, y el mal visualizado es la corrupción. Del marxismo al honestismo sin escalas.

¿Qué mejor para quien quiere hacer la revolución que aprovechar las contradicciones burguesas? Si alguien patea el tablero y amenaza con vulnerar al principal instrumento de lavado de cerebro del sistema ¿no deberíamos apoyar sus medidas los revolucionarios? Aún si caracterizamos a ese alguien como “parte del sistema” o “la burguesía”.

Se me ocurre también que sería incorrecto pensar que “la burguesía” va a atentar contra su propio aparato, consciente y activamente. Quizás la burguesía no esté representada en este espacio extraño, contradictorio y digno de mayor análisis que es el kirchnerismo, quizás está ocurriendo algo más sencillo y que puede explicar el vaciamiento de la izquierda orgánica en gran parte: los que se aburguesaron son los “dirigentes” de la izquierda orgánica y ya no nos representan. Así de fácil.

Por eso muchos celebrarán este contratiempo, este traspié de las fuezas democráticas, esta nueva cautelar que estira los plazos de aplicación de una ley democrática. Por eso trabajarán activamente para rearmar el tablero, reordenar las fichas, cada cual a su diagonal y a su eje cardinal, todos juntos contra el enemigo "principal" celebrando con champán ajeno su propia inmolación. Lamentable

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