miércoles, 26 de septiembre de 2012

Rucci, montoneros y cuentos chinos

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas. 

Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes, libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658.
 Jorge Luis Borges, Del rigor en la ciencia. El Hacedor, 1960. 


La cultura humana está nutrida de relatos, tanto que ya nos cuesta distinguir la realidad, el mapa, de lo real, el territorio.

“Los simulacros son, entonces, aquellos elementos que, según la metáfora de Borges, hacen emerger un mapa (modelo virtual) por encima del territorio real. Ese mapa (o modelo virtual), construido por la sucesión de simulacros, llega a suplantar a la realidad, dando lugar a la hiperrealidad. Según esto, y dado que la realidad se extingue bajo las brumas del modelo virtual, ya sólo quedan los simulacros: de aquí en adelante, los simulacros precederán a cualquier acontecimiento, o, más exactamente, a cualquier suceso que ocurra en la hiperrealidad.”
En su ensayo sobre la precesión de los simulacros, Baudrillard recuerda el cuento de Borges sobre un mapa (es decir, una representación) tan detallada que es una correspondencia biunívoca con el territorio. Con base en esta historia, señala que en la era postmoderna el territorio ha dejado de existir y que sólo ha quedado el mapa o, mejor, que es imposible distinguir los conceptos mismos de mapa y territorio, dado que se ha borrado la diferencia que solía existir entre ellos. Baudrillard insiste en que la realidad supera a la ficción y asegura que los receptores de la Hiperrealidad desempeñan un papel pasivo. Para él no existe la construcción de sentido independiente.

Ahora es antes y mañana también, veamos, como ejemplo, la convocatoria in memoriam de José Ignacio Rucci, dirigente sindical y político argentino, ¿se evoca o se provoca?, en realidad, los dirigentes políticos y sindicales que se dan cita para recordarlo, lo que hacen es reenviar la argumentación en virtud del relato reivindicatorio setentista del kirchnerismo, se ponen en la huella del hecho para demandar no sólo justicia sino potencial simbólico en la construcción del relato virtual que pretende dar forma al pensamiento y la conducta de los ciudadanos memoriosos y desmemoriados para influenciarlos ahora y en el futuro. Al relato que eleva a la condición de héroes a los jóvenes que proponían la patria socialista, con lucha armada si era necesario (la cámpora y otras organizaciones son prueba de ello) , le contraponen la espiral de sentido de la culpa por la “acción violenta en democracia”. El objetivo es sectar el imaginario público en ellos y nosotros, amigo/enemigo, víctima/victimario; serpentina que, por otra parte, ya fuera desplegada antes por el propio relato K, con la impronta de la “juventud maravillosa”.

 El problema es que analizar el presente con categorías del pasado nos hace perder de vista lo real del presente, el acontecer no virtual y asequible se nos escapa mientras consumen nuestro tiempo vital las conmemoraciones que intentan poner en valor sus experiencias del pasado, instalandose en nuestra cotidianeidad y apropiándose de nuestras vidas. El desafío es reinventar nuestro tiempo emancipándonos de las categorías del pasado, lo que no significa que no exista un saldo de justicia que debe materializarse, o que no se trabaje la necesaria superación del trauma sufrido por el grupo en cuestión, o que no existan persistencias en el orden económico que perturban las posibilidades de construir una sociedad equitativa. Sino que tales argumentaciones de reenvío al pasado no se erijan en “murallas chinas”, es decir, lógicas de amigo/enemigo que preparen el campo de batalla del pensamiento (cuando tal enemigo es inexistente), no sea cosa que a alguien se le ocurra salir de lo virtual y entrar en lo real. 

Mónica Colunga

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