domingo, 8 de enero de 2012

A propósito del festival del chamamé: la genealogía del Carau

Por LUCIA MAGDALENA ACEVEDO


¿Es bueno o malo el Carau?  Más, ¿qué estoy diciendo?, basta, basta de culpas.
Conocí al desdichado, Dioniso, que quiso la cultura llamarlo Carau. Siempre fue marcado como dueño de las tinieblas. Siempre fue  inicio de ironía, enojo, demorado intencionalmente, el sin nombre.
 Mérito de un sordo sapucai, se permite empujar hacia adelante y encontrar el desahogo de lo inquietante, aquello que enmascarado en el ave zancuda, solo dice lo que el hábito encubre.  Entre detonaciones y arpegios, finalmente se alcanza el ritmo feroz, que es tanto resentimiento como crueldad de la cultura, una forma de querer  la nada a no querer.



Trasvalorar para rescatar el espíritu de Dionisos, tanto tiempo olvidando, tan escondido en el estilo de la leyenda. Es más,  tan interesante es el animal que lo han convertido en hombre, tan interesante Dionisos que se me vuelve sospecha: ¿Qué significa Carau?, ¿quién es Dionisos?, ¿qué culpa se le atribuye a ese hijo?, ¿quién es la madre?, ¿quién es esa dama atractiva que captó la atención del Carau- Dionisos-?, ¿quien es ese personaje que avisa la desgracia?, ¿cómo explicar la transformación de Dionisos en el ave zancuda?, ¿por qué el grito carau?, ¿por qué la mujer se acompaña a Dionisos, transformada en polla y gritando junto a su amado? , ¿dónde  y cuándo se desarrolla ese relato?, ¿quién o quiénes somos esos personajes?, ¿quién es el culpable?
Las valoraciones que resulten de respuestas, serán una forma de hallarse en la vida y en la sociedad. Se podrán discutir, seguro, discutirlas penetrando hasta la fuente donde brotan los valores. Esa fuente que da origen al resentimiento.
El grito, el desahogo, al sonar musical del pú, la música mbaepú; a la acción de ejecutar, mbopu; al canto purajhei y a las danzas yerokï, me permiten transvalorar. Buscar esa fuente, bailar el che ama mí; che amoa memê; che aimê amemê; che amamê aimê; che memê…; me advierte que Dionisos, caminaba la costa del rió Uruguay, caminaba  y danzaba, su tradición fue influenciada por las reducciones jesuiticas. El deterioro, la presión,  fue tapando la fuente donde emanan los valores, poco a poco, comienzaron a fijarse las verdades desagradables. Incubaron ideas y sentimientos en el espíritu del chacha. Inventaron remedios los colonos, solo lograron resentir, resentimiento y odio.
 El chamamé,  permite ver aquello tapado, solo el conjunto de congoera, tururu, mbure, maraca, guatapu, mimby las sonidos onomatopéyicos, advierten que lo malo es lo que antes era lo bueno. La verdad insostenible de la reducción, da paso a la moral de los esclavos  en el mbaepu.
Por ese entonces, se le creo la memoria a Dionisos, y fue muy difícil, pues el procedimiento de los colonizadores consistía o consiste en que solo lo que no cesa de doler permanece en la memoria.
Con la fuerza del hábito, de allí en más, Dionisos dispuso en futuro, del sentimiento o conciencia de culpabilidad. De la propia deuda que creo la sociedad, como acreedora, de  los golpes contra la originaria cultura y más aún de la opresión mas actuales y crueles. Desde ese entonces,  Dionisos, permaneció preso en la leyenda del Carau. Nunca, hasta ahora,  Dionisos pudo desahogar sus instintos hacia fuera, siempre lo hizo porque a fuerza de dolor le enseñaron, volverse hacia su propio ocaso.
La profunda dolencia y muerte de su madre, que no es más que su modificación originaria, la agonía y muerte de su cultura, de su manera de ser. Esa,  la madre, su origen nativo, sucumbe por la fuerza de la derrota de la culpa otorgada por aquella modificación. Por la misma dolencia, por la misma derrota, por el no poder hacer frente a los arcabuces, por no tener el remedio para salvar la aldea.
Dionisos, ¡Oh querido Dionisos! te entregaste al baile.
¡Basta, basta!, en este punto me convendría callar. Haber si todavía se levanta el fuego y mata, o mejor, origina, la memoria de la culpa.
El final es abrupto, no lo diré yo, lo dirá el baile, la música, el zapateo, el grito profundo, las parejas que se unen, el galanteo, lo erótico, la fertilidad, el cuchillo, la pendencia hacia el intruso... Es el chamamé la huida y el repliegue, insinuando ciertos puentes a la independencia.
El Chamamé pone la sospecha en aquello que se nos impone como verdadero.
La muchacha es Pomba, aquella es la que acompaña y acaricia. Aquella muchacha muy agraciada, que a su vez coqueteaba con él, teniendo en cuenta que sobresalía entre todos, por su postura y elegancia. Ella es la nieta del Pombero, soy yo, soy mujer reclamante. La amante, la considerada zancuda, la loca, quien sufre a fuego la obligación de pobreza, humildad y castidad. La mujer que obligan a tener culpas, soy aquella que han obligado a separarse de Dionisos.
El hombre que imprevistamente anuncia la muerte y la culpa, es el médico que envenenó las heridas de la madre y lo hizo con conocimiento, quería envenenarla para poder culpar, para crear memoria y matar el origen. Ese hombre es el innombrable, fue y es el conquistador, el colonizador que prefirió y prefiere la nada a no querer. Prefirió y prefiere matar a no querer examinar la falsedad o verdad de Dioniso convertido en a fuerza en  Carau.
“Olvidando por completo la enfermedad de su madre, continuó bailando toda la noche hasta que de madrugada un amigo le trajo la noticia que su madre había muerto.”
¡Oh amigo!, ¿eres verdaderamente?, ¿Donde estabas, me ayudaste a cuidar de mi cultura, o bien solo observabas como la matabas a solo efecto de perpetuar  la herida?
Eres ilusorio y engañoso, solo queda ponerte diferencia y distancia.
Y de tanta culpa, desde aquí expiada querido Dionisos. Tu nombre carau, es fruto solo y solamente de los que conocen. Solo los que conocen,  saben llamarte Carau. A ellos,  a quienes se te presentas como desconocido, Dionisos, son quines nos dicen que te convertiste en un pájaro. Pues ellos, te presentan desconocidos a nosotros mismos que nacimos del baile, de esa noche de zapateo y seducciones. Son esos ilustrados quienes nos negaron buscarte, traerte a casa y librarte de culpas.
Dionisos, no Carau. Sos el tesoro, pues te sitúas en la colmena del pensamiento. Quiero bailar con vos. Es hora de llevarte a casa.

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