martes, 19 de enero de 2010

PRESUPUESTO PARTICIPATIVO EN CORRIENTES

(*) Fernando Marcópulos

Durante muchos años desde la Democracia Cristiana hemos bregado y difundido la idea y la experiencia de Porto Alegre respecto a discutir en asambleas zonales, regionales y temáticas el destino, la forma de aplicación y la ejecución de las obras en todas las áreas del presupuesto municipal.

Pero en una provincia donde el color del pañuelo determinaba si uno tendría trabajo o no, si podía seguir viviendo en el pueblo o tenía que esconderse en el monte, si comía o no, las cosas no serán fáciles.

El presupuesto participativo es una herramienta de educación, en primer término. La propuesta de una sociedad más justa, fraterna y saludable se simenta (según la visión cristiana del hombre) en la participación, la organización de empresas privadas o estatales, pero con participación social, donde los medios de producción no sean de propiedad y manejo exclusivo de un solo patrón, sea el capitalista o el estado.

Pero en una sociedad donde hemos cambiado el pañuelo celeste o colorado por el anaranjado o el verde (ver gaucho que promociona el festival del chamamé) pero donde el clientelismo se mantiene intacto. Donde si no sabemos para donde opina el patrón no podemos opinar, ni decidir, ni movernos sin afrontar las consecuencias. En este nivel de dependencia y miedo, es impensable que haya ciudadanos ansiosos por ocupar espacios de participación, y se crean ámbitos donde o necesitamos ser especialistas o donde no se decide nada.

De hecho, los entes autárquicos de la provincia donde deberían haber directorios conformados en la conducción, eternamente estuvieron intervenidos por “todos” los gobiernos conservadores que tuvimos, porque en esos lugares se decide sobre dinero, servicios y personal, que a la hora de votar… o incluir personal… o desfinanciar responden únicamente al antojo del gobernador vía interventor.

Pero como herramienta educativa para la participación genuina y eficaz de los ciudadanos, es necesario que se decida sobre algo en concreto. La experiencia de Río Grande, comenzó sobre parte del presupuesto de Obras Públicas.

No es un asambleísmo reivindicatorio y generalizado como algunos desinformados creen. Es un proceso muy bien conducido donde la opinión se va madurando con el aporte de los técnicos de las áreas comprometidas y se va sedimentando a tal punto que muchas veces aparecen opciones nuevas y creativas para resolver viejos problemas estructurales de la comunidad.

Pero esta decisión del Intendente Espínola es realmente osada y seguramente muchos de sus funcionarios le tendrán miedo a tener “el ojo del amo” tan cerca. Porque de hecho son muchos los problemas que existen que requieren solución urgente y muchas veces cuando uno gestiona soluciones urgentes, estira al máximo las informalidades. Tampoco se puede esperar a que una asamblea los resuelva.

Ya los desinformados están mostrando su descontento, tienen miedo de la propuesta, porque no conocen su funcionamiento y temen que haya mas ojos y mas opiniones que la de los concejales.

Pero Camau tomó la decisión, al crear el área específica lanzó la pelota y dejó claro que para esta gestión municipal “el amo es el pueblo” y si hay que educarlo para la participación, está dispuesto a hacerlo.

Así se decida sobre $10.000 (diez mil pesos) o un millón, no hay otra forma de aprender a participar y a decidir que participando y decidiendo.

Felicito por esta iniciativa al Intendente camau Espínola y a la garra de Sonia López que empujan este carro por terreno tan pedregoso. Si van a haber cambios en la provincia, no tienen que ser en los colores del pañuelo, sino en nuestra capacidad de involucrarnos y comprometernos.

(*) Fernando Marcópulos
DNI 21.683.442

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