sábado, 4 de abril de 2009

MALVINAS DUELE

Cuesta aún hoy abordar el tema Malvinas, sigue siendo doloroso. Un trauma de difícil resolución para quienes lo vivimos como niños esperanzados en el triunfo, ilusionados a raíz del material periodístico que circulaba en los medios: “estamos ganando; aviones argentinos hundieron el Sheffield”, entre otras cosas. Mientras tejíamos pasamontañas y bufandas (que nunca llegaron a destino) recreábamos nuestra imaginación de infantes con escenas bélicas que nos ponían siempre en el sitial de vencedores.


Recopilación de El Ortiba

¿Cómo explicarnos a nosotros mismos que las expectativas poco tenían que ver con la realidad? Y tras la guerra enfrentar el horror de la metodología genocida de la dictadura; era inevitable la sensación de estar atravesando un oscuro tunel en el que cualquier intento por evadir la dificultad es una invitación al abismo. Por ello no me permito la efeméride trivial. Malvinas es un hecho complejo de nuestra historia porque así como desconfiábamos de las “buenas intenciones “ de la junta militar que estaba al frente del gobierno, también es cierto que queríamos una reivindicación de lo que identificábamos como el enemigo principal, el colonialismo inglés, que con sus alumnos ejemplares, la administración norteamericana, había logrado hacer de nuestro país un centro de abastecimiento de materias primas. Nuestro pasado da cuenta de dos invasiones inglesas (con tropas) pero nuestro presente evidencia el cúmulo de estancias, producciones agropecuarias, agroexportadoras, refinerías de petróleo, empresas mineras, etc, cuyo capital está compuesto por inversiones anglonorteamericanas y europeas, sin hablar del capital financiero en sí mismo que al delinear los parámetros de la valoración de la moneda (que emiten ellos) desdibujan nuestras posibilidades de autodeterminación.
Malvinas y los muchachos de la guerra, continente simbólico ambiguo: “¡luchar, luchar! ¡Sin claudicar! Y ¿para qué luchar?” Discursos de identidad nacional en cada acto patrio y realidad de abandono y olvido durante décadas. Uniformes que huelen a muerte en niños de 18 años rebosantes de vida. Superiores represores estaqueando adolescentes por hurtar ovejas para alimento. Cobardes que se rendían, como Astíz, sin disparar un solo tiro. Hermanos e hijos atravesados por el hambre y el frío, ¿y dónde estaban nuestros chocolates?.
En Corrientes Ricardo Leconte (en aquél tiempo intendente) junto a su secretario Néstor Pedro Braillard Poccard lideraron un programa especial en el canal 13 local para recaudar fondos para la guerra de Malvinas; recibieron joyas, dinero, alimentos, etc; entonces ¿por qué nuestros soldados tenían hambre?. Es más, ¿por qué pagábamos sueldos de oficiales y profesionales del arte de la guerra si a la hora de los hechos iban chicos?.
Malvinas duele porque algunos creyeron en la soberanía y otros
medraron con ella. Malvinas costó sangre, pero no fue la única derrota del pueblo, que venía de los 70’, de aquellos que cayeron creyendo en una patria justa, libre y soberana. Paradójicamente parece que el desencanto ayuda a despertar, como quien en lo más oscuro de la pesadilla se esfuerza por romper el hechizo de Morfeo y decide confrontar su realidad, sólo ése golpe pudo hacernos huir de la ilusión del país de la “reserva moral” y de la ley de “seguridad nacional”.


Video de Banya

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